Las cuentas de Adorni siguen bajo sospecha: la Justicia busca investigar una posible evasión tributaria

Las cuentas de Adorni siguen bajo sospecha: la Justicia busca investigar una posible evasión tributaria

El fiscal Gerardo Pollicita pidió cambiar el rumbo de la investigación patrimonial contra el exjefe de Gabinete de Javier Milei. Aunque consideró que no existen pruebas suficientes para sostener una acusación por enriquecimiento ilícito, detectó posibles irregularidades fiscales. En el centro de la controversia aparecen más de 400 mil dólares en gastos, operaciones con criptomonedas y declaraciones patrimoniales que todavía generan interrogantes.

La investigación judicial sobre el patrimonio de Manuel Adorni acaba de dar un giro que representa un alivio para el exfuncionario, pero que está lejos de despejar todas las sospechas. El fiscal federal Gerardo Pollicita solicitó que el expediente deje de tramitarse bajo la figura de enriquecimiento ilícito y pase a la Justicia en lo Penal Económico, donde podrían investigarse presuntos delitos tributarios.

La decisión introduce un cambio significativo en una causa que puso bajo la lupa el nivel de vida, las inversiones y los movimientos financieros de quien fue uno de los principales defensores públicos del ajuste impulsado por Javier Milei.

Según fuentes periodisticas,  el fiscal consideró que las pruebas reunidas no permiten demostrar, con el grado de certeza necesario para sostener esa acusación, que Adorni hubiera incrementado injustificadamente su patrimonio durante su paso por la función pública. Sin embargo, advirtió sobre inconsistencias que podrían constituir infracciones o delitos fiscales.

Más de 400 mil dólares y una explicación bajo la lupa

Uno de los aspectos más controvertidos de la investigación es el volumen de dinero utilizado por Adorni durante su permanencia en el Gobierno.

Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, la fiscalía identificó gastos por aproximadamente 402.578 dólares, de los cuales unos 374 mil habrían sido abonados en efectivo. A esa cifra se sumó una diferencia superior a los 43 millones de pesos entre los ingresos comprobados y los gastos corrientes del grupo familiar.

Los desembolsos incluyeron operaciones inmobiliarias, refacciones, viajes y otros consumos que despertaron interrogantes sobre su financiamiento.

Para justificar la disponibilidad de esos fondos, Adorni aseguró que había invertido alrededor de 200 mil dólares en Bitcoin entre 2014 y 2018 y que posteriormente obtuvo más de 591 mil dólares mediante la venta de esos activos digitales.

La explicación fue examinada por especialistas, quienes pudieron verificar la existencia y actividad de determinadas billeteras virtuales. No obstante, las pericias no permitieron establecer de manera concluyente quién las administraba durante aquellos años.

Esa imposibilidad de descartar la versión presentada por el exfuncionario fue determinante para la evaluación del fiscal. Pero que una explicación no pueda ser refutada no significa necesariamente que todos los movimientos patrimoniales hayan quedado esclarecidos.

De enriquecimiento ilícito a posible evasión: un cambio que beneficia al exfuncionario

La diferencia entre ambas figuras penales no es menor.

El enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos apunta a determinar si una persona incrementó apreciablemente su patrimonio durante el ejercicio de un cargo sin poder justificar debidamente ese aumento, conforme a los requisitos establecidos por la legislación penal.

La evasión tributaria, en cambio, se concentra en establecer si existieron maniobras destinadas a evitar ilegalmente el pago de impuestos.

El cambio de enfoque propuesto por Pollicita podría reducir considerablemente el alcance de la investigación sobre la conducta de Adorni como funcionario público y trasladar el debate hacia sus obligaciones fiscales.

Por ahora, el planteo debe ser resuelto por el juez federal Ariel Lijo, quien tendrá que determinar si corresponde remitir el expediente a la Justicia especializada.

No existe, por lo tanto, una condena ni una declaración judicial definitiva de responsabilidad penal. Tampoco el pedido fiscal equivale por sí mismo a un sobreseimiento.

La austeridad para unos, los dólares para otros

Más allá de las cuestiones estrictamente judiciales, el caso presenta una contradicción política difícil de ignorar.

Adorni construyó buena parte de su protagonismo público como portavoz de un Gobierno que convirtió la austeridad fiscal en una bandera y que justificó recortes sobre jubilaciones, salarios estatales, universidades y políticas sociales bajo el argumento de que el Estado no podía gastar más de lo que ingresaba.

Mientras millones de argentinos debían reorganizar sus economías familiares frente al ajuste, la evolución patrimonial del entonces funcionario despertaba preguntas sobre propiedades, viajes y operaciones financieras de magnitud.

Es precisamente esa distancia entre el discurso oficial y las conductas sometidas a investigación lo que transforma un expediente judicial en un problema político.

La discusión no consiste en cuestionar que un funcionario pueda disponer de ahorros o realizar inversiones legítimas. El interrogante es si puede demostrar adecuadamente el origen, la declaración y el tratamiento fiscal de los recursos utilizados.

Y cuando se trata de alguien que ejerció responsabilidades en los niveles más altos del Poder Ejecutivo, la exigencia de transparencia adquiere una dimensión institucional.

Comodoro Py y una nueva controversia para el Gobierno

El movimiento en la causa Adorni se produce en un contexto de cuestionamientos sobre el tratamiento judicial de expedientes que involucran a figuras del oficialismo.

La novedad va de la mano con el sobreseimiento de Javier Milei y otros funcionarios en la causa relacionada con la criptomoneda $LIBRA, una resolución que fue apelada por organizaciones que reclaman continuar con la investigación.

Aunque se trata de procesos diferentes, ambos casos alimentan el debate sobre la capacidad de la Justicia para investigar con independencia a quienes ejercen el poder.

Desde una perspectiva institucional, corresponde distinguir las decisiones judiciales de las interpretaciones políticas. Que una investigación cambie de calificación penal no demuestra por sí mismo la existencia de protección judicial. Pero tampoco elimina el derecho de la sociedad a exigir explicaciones sobre hechos que involucran a funcionarios de máxima responsabilidad.

Una pregunta que todavía espera respuesta

El futuro del expediente dependerá de la resolución de Lijo y de las eventuales actuaciones de la Justicia en lo Penal Económico.

Para Adorni, la posibilidad de dejar atrás la acusación por enriquecimiento ilícito representa una noticia favorable. Para el Gobierno, supone un respiro frente a un escándalo que erosionó uno de sus principales argumentos políticos: la supuesta superioridad moral de quienes llegaron al poder prometiendo terminar con los privilegios de la dirigencia tradicional.

Sin embargo, las inconsistencias tributarias señaladas por la fiscalía todavía deberán ser examinadas.

La paradoja es evidente: mientras el oficialismo insiste en reclamar sacrificios económicos a la población y presenta el equilibrio fiscal como una obligación innegociable, uno de sus exfuncionarios más representativos enfrenta interrogantes judiciales sobre sus propias declaraciones y obligaciones impositivas.

El expediente podrá cambiar de juzgado, de competencia y hasta de figura penal. Lo que todavía no desaparece es la necesidad de esclarecer completamente el origen y el tratamiento fiscal de los fondos investigados.

Y esa explicación, más allá de lo que finalmente resuelva la Justicia, sigue siendo una deuda política con la sociedad.

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